La historia de un vecino

Despensa El Sol cumplió 71 años: una historia de trabajo y memoria riograndense


Este 5 de noviembre, la tradicional Despensa El Sol, ubicada sobre calle Alberdi, cumplió 71 años siendo parte de la vida cotidiana de Río Grande. Un comercio que atravesó transformaciones, crisis, cambios de época y generaciones enteras, pero que sigue siendo un punto de encuentro, de cercanía y de memoria en la ciudad.

Desde muy temprano, como cada día, Rosa Garay está detrás del mostrador. Ella lleva 48 años trabajando en el local y desde 1988 quedó al frente del negocio junto a su marido. “Hoy no estamos festejando como el año pasado con los 70, pero sí celebrando un año más. Otro año más adentro de la despensa El Sol”, cuenta.

Rosa reconoce el peso del tiempo: “Decir 71 años es un montón. Y yo estoy 48 años este año, así que va un montón”. Sin embargo, lo dice sin grandilocuencias, con la naturalidad de quien aprendió a trabajar haciendo.

La despensa atraviesa la actual situación económica con esfuerzo y adaptación. “Está muy mala la situación. Hay que rebuscársela. Abrimos un poquito más temprano, cambiamos horarios. Cuando uno ya tiene armado el negocio, continúa, no queda otra”, explica.

El acompañamiento de la gente ha sido clave. “Tengo que agradecer que todavía seguimos trabajando. La atención para mí es fundamental. Cuando tratás bien a la gente, la gente vuelve. Hemos perdido muchas personas en el camino, pero también llegaron otras”, dice.

En el local, además de lo esencial, hay algo que se volvió sello propio: las milanesas de carne, que muchos van a buscar especialmente. Y también está esa otra marca que no se compra ni se vende: la historia compartida.

Rosa cuenta que ya vio pasar cuatro generaciones de algunas familias. “El otro día vino una abuela y yo le decía: te vi a vos, después a tu hija, después a tus nietos, y ahora veo al bisnieto. Es la cuarta generación. Eso te emociona”.

De cara al futuro, su deseo es simple y profundo: paz y trabajo.
“Espero que mejore la situación. Es triste ver a tanta gente perder su trabajo. Que tengamos un futuro mejor, porque hoy la incertidumbre es muy grande”, expresa.

A pesar de todo, la despensa sigue abierta. Con el piso antiguo de siempre, con las estanterías que guardan historias y con Rosa detrás del mostrador, sosteniendo la continuidad de algo que, a fuerza de constancia y afecto, se volvió identidad barrial.

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